Por el Sr. Camacho Escena de "Bailar hasta morir"En “Bailar hasta morir” vemos a Cocó, dama de porte altivo, slim cigarettes y al borde del bótox de nacimiento emperifollarse con ademán de tarjeta Visa Gold en una amplia sala de estar ahí, decorada con terciopelos, máscara exótica, barra de drinks y espolvoreada por los efluvios del jazz.
Ingresa en gasa negra la rubia Mili en pleno proceso de gratinado adoré y comienzan a tirarse dardos de importada malicia sobre los aspectos de sus altas costuras tanto de género como de piel.
Uno adivina a dos amigas en competencia sana con fines de lucro de years ago.
Baldazos de ironía y buena onda superficial rellena de chocolate dietóxico van y vienen como en un mar de Channel N 5 embravecido.
El motivo de tanto alarde mannequenista es porque Mili espera la visita de su nuevo novio aunque no sabe aún si él es the one and only.
Llega entonces Tony, a-puestísmo de pelo planchado, jopo de estalactita, envuelto en el color alcúrnico de la alta sociedad y camisa abierta en pecho forever winner.
Mili presenta a su arrastrador de ala y deja caer: “Mamá, él es Tony” .
Este es el punto del mágico retorno donde toda la maldad al contado de las dos chicas nos cae como fichas de taxi esquizofrénico.
Cocó le clava una miríada de miradas a Tony que fuá vó.
Tony se ríe en convulsiones de boca fruncida todo el tiempo no sé sabe muy bien porqué mientras se debate entre las melenas castaña y rubia de sus anfitrionas.
El cara de muñeco de látex impermeable trae de obsequio un vino de cosecha ignota pero lejana.
Llueven las anécdotas de viajes exóticos y comentarios que revelan sus vidas.
“Vengo de navegar en velero con Duran-Duran” , tira el playmovil.
Comienza entonces un macramé actoral donde vemos el trenzado de sus biografías mediante la frase: “Me salgo un rato” , ambigüedad sobre la saltada de la cuarta pared o del triálogo.
Y al frente escuchamos decir a Mili: “Es el primer novio que traigo a casa desde que mamá interrumpió mi último embarazo” , a Cocó narrar su amor oculto y previo con Tony y a Tony como conquistó a Mili en un crucero por el Atlántico.
Ajá: triángulo amoroso de alta suciedad.
Llega el momento del brindis y Tony sirve el vino que compró al vender una de sus euroempresas.
Al derramarse un poco Mili observa con agudeza: “Mirá, Tony, esta gota son cinco mil empleados”.
Chín-chín, las chicas beben y vemos que ingresan en un extraño estado de sitio neuronal.
Tony se sale un rato y revela que el vino está adulterado con una nueva droga de diseño que trajo de Ámsterdam.
Relata la sintomatología mientras las empastilladas caen bajo lujurioso frenesí.
Desde el éter suena un tema musical de clara reminiescencia ele-ese-dé-en-eme-pe-tres y todo lo envuelve.
Tony las apoya un rato y luego va hacia la máscara exótica y al intentar tomarla, suena una alarma. Se corta todo y Tony le revela a las embriagadas que todo fue un plan para robar la valiosa máscara.
Vemos como el Minúsculo vira de una comedia negra a una dimensionalidad desconocida.
El final se declina en un ping-pong de “me-salgo-un-rato” y nos enteramos que la máscara está maldita y posee al que ose tomarla y lo lleva a la muerte como al difunto padre de familia.
Tony y la máscara luchan.
Gana la máscara y Tony mata a Cocó y a Mili.
Luego se sale un rato:
“Y así la máscara se apoderó de mi espíritu y quedé bailando por toda la eternidad”.
Baila un poquito y goodbye.
Raro, sí.
Culpa escénica de Angelini, Roland, Monteagudo.
Un pecado: El fucking sistema eléctrico-lumínico que colapsó una vez más.
Una virtud: La pincelada alcúrnica.
Trivia: La blonda actriz: “A mí me dijeron que están tomando mucho whisky. Compremos”
Calificación: Pase libre a un country top con regreso abierto.