11.12.09

CON.MAR.PU. CHACO 2010

Por el Sr. Camacho

Una postal para girar y mirar de diversos y hermosos ángulos.



Abrimos los oídos. Adivinamos anatomías bajo las sábanas donde naufragan una marea de objetos: alitas de ángel, vasos, ropa, cotillón barato.
Gemidos y gruñidos múltiples estampan holográficamente sucesos acontecibles de alcoba.

Ingresa una mujer de andar suave; en bata de baño peina su pelo húmedo. Revela la escena velada por 90% algodón, 10% acrílico a una pareja en paños menores, atados y amordazados.

La recién bañada, Franchi; los amordazados, la Srta. Gutiérrez y el Sr. Luque.

Nuevamente.
Comienza CON.MAR.PU. 2010, la segunda parte joligudense y sin merchandáising de un Minúsculo que hizo historia (al menos para nosotros: ver aquí la crónica).
El Congreso de Martilleros Públicos este año se desarrolla en Chaco y vemos que los acontecimientos se reiteran. “La partuza continúa”, podríamos escuchar como epígrafe leído por algún locutor televisivo de canal local. “esteno absoluto”, aseguraría público ansioso.

Definitivamente, Franchi es una novata sexual, casi una novicia pero no rebelde y con una causa que aparentemente se sitúa justito en el punto G.
Ella a él, a boca de jarro:
“¿Cuántos orgasmos tuviste en tu vida?”
Él, con una pausa previa, de mundo:
“Muchos”
“¿Cinco?”
Él, con un gestito:
“Y...más…”
“¿Cuántos?... ¿Ocho…?”


Gutiérrez y Luque son dos letrados en cuestiones de la carne, Franchi ha vivido engañada a pura milanesa de soja. Lo más erótico que vivió fue una peli en The Film Zone a la medianoche.

Franchi va a más y pide vida juntos, planea dejar a su marido que se ve que no cumple sus tareas maritales.

“Luque, hemos creado un monstruo” , dice Gutiérrez por lo bajo.

Ante las respuestas evasivas de los otros dos, Franchi llora desconsolada como niña caprichosa, aunque reconozcamos que el capricho es bastante particular.
Franchi vive en Yapeyú.
Luque, muy didáctico propone juntarse “alguuuuna vez” en telo que quede situado en un lugar que les convenga a los tres. Franchi duda y no parece muy convencida.
Los otros, como elemento motivador, piden drogas.
“Yo compro en Yapeyú”, argumenta Franchi que conoce bien el barrio y sabe mirar para arriba y ver zapatillas enganchadas en los cables.

En definitiva, los dos que se quieren picar de una vez, la quieren convencer de que no los venda.
Muchas vueltas y al final dice que los deja ir con la condición de compartir las sábanas (y otras cosas) una vez más.
“Háganme la onda”, es su último y desesperado ruego.
Luque:
“Bueno, dale, uno rapidito”
Gutiérrez, se pone alas, Franchi se le trepa arriba y le dice “volá volá”, todo se trepan encima de todos, alguno grita por una rodilla mal puesta, o bien puesta, hay gemidos, bufidos, risas.
Para Franchi el sexo es como una calesita.
Se meten bajo las sábanas y se retuercen. En un momento Franchi sale de debajo de las sábanas ofendida porque los otros medio que se entienden mejoer y la dejan afuera.

Luqe se queja de que se le durmió el brazo izquierdo. Lo repite varias veces.
Hasta que queda muy quieto. Lo llaman y no reacciona. Franchi mira debajo de las sábanas aún tibias.
“Luque tiene todo muerto”

¡Luque!!!!
Metateatralmente medio que le clavan una rodilla en la cara y Luque se mueve.
“Es el rigor mortis”, salvan aunque no hace falta.
Asustadas lo tapan.
Franchi sugiere:
“¿Si aprovechamos antes de que se enfríe?”

Franchi gimotea: “Qué le digo a Carlitos...”
Gutiérrez se quiere volar, discuten y entre forcejeos ella toma el teléfono, llama a la policía y sanatea de que Luque se siente mal.
Gutiérrez agarra un par de cosas y se va para no volver.
Franchi, le habla un rato a Luque muerto.
Después mira hacia el cielo y le habla a un Luque que flota como en un último orgasmo.


Lo Minúsculo: Las segundas partes de un minúsculo memorable siempre son buenas. Para los que no vieron CON.MAR.PU Santiago del Estero, una fiesta; para los que sí fueron testigos del anterior encuentro de este trío, un remate sublime.

Lo Inesperado: Que los dos actores del principio hayan estado casi una hora bajo las sábanas antes de que comience la función. Se rumorea que tenían un par de empanadas.

Trivia: "¡Qué boluda!", opina un público de Franchi que mira hacia arriba y le habla al cielo, luego de que Luque murió.

Calificación: Dos turnos.

1.12.09

PROPIEDAD

Por el Sr. Camacho
Una postal en braille.


Caos en oficina. Papeles y objetos muy fuera de lugar. Tanto caos que hay un entero organismo de hombre desparramado sobre un escritorio. Duro.

Llega un joven con extremada buena onda y espíritu afable que no percibe lo extraño del entorno y ni al sujeto 100% ausente arrojado sobre el mueble.
Viste ropa deportiva y con anteojos oscuros disimula un moretón cárdeno que reposa sobre su ojo derecho.

Acto seguido ingresa una chica de energía enérgica, ataviada con sabores retro y con exquisito glamour porta gafas de sol que le dan un toque de elegancia extravagante.
Tampoco se asombra del desajustado entorno.

Diego y Carolina entablan una conversación amable y equilibrada signada por las reglas de la buena educación.
Por labios de los susodichos nos enteramos que la oficina es algún tipo de inmobiliaria y que han llegado en busca de Sánchez, que les extraña que no haya llegado y que comenzamos a sospechar que es el tipo inmóvil.
Han llegado desde Buenos Aires en busca de la paz y tranquilidad de las sierras.
Ella, con voz aflautadísima, rítmica y muy próxima a lo exasperante:
“Me encantan cómo hablan los cordobeses!...Cómo piropea el cordobés! En Buenos Aires son más simples pero acá son todos poetas”.

Poesía. Seguramente el que la piropeó no estaba poniendo ladrillos en un edificio en construcción. Y no es porque tengamos algo en contra de los albañiles que son seres humanos después de todo, simplemente nos basamos en la observación y en puras estadísticas.

Diego y Carolina se comportan en forma peculiar pero no llegamos a darnos cuenta muy bien porqué. Son extremadamente cautelosos y amables; sonríen todo el tiempo y son gentiles y corteses.
Él cuenta que hace deporte. Ella le pide tocarlo. Le dice:
“La voz genera cosas. Si usted escucha mi voz y no me viera, ¿cómo diría que soy?”
Diego le sigue el jueguito.
Carolina lo desafía:
“Adivine mi perfume”
“AmorAmor”, dice él sin dudar ni una milésima de segundo. Parece ser que tiene un olfato extraordinariamente desarrollado.

Mientras esperan su cita con Sánchez comparten galletitas dulces de los Testigos de Jehová y una botellita de agua.
“Lancome número 97, Rubí!”, vocifera Diego saboreando el lápiz de labio de ella impregnado en el pico de la botellita.

En un momento de alta emotividad Diego cuenta que es huérfano. Fue abandonado en un carril en Avenida Córdoba y La Plata a 60 Km/h y fue recogido por un camión de Sancor.
Desde ahí es que lo apodan “Descremado”.
De a poquito, nos damos cuenta que la cualidad que los hacía tan particulares reside en una cuestión puramente física: son ciegos. O no videntes, como gusten.
Ignoramos por qué ventura del destino dos ciegos se encuentran en una inmobiliaria pero la vida es así, insospechada e inesperable.

Entonces descubren al ser humano yaciente en el escritorio. Medio que le tocan la mano, desestiman la idea de que es un apoya papeles de diseño e importado, luego creen que uno de ellos tiene tres manos pero se dan cuenta que no, que la mano está fría y que anexado a la mano viene todo un tipo de setenta kilos.
“¡Es Sánchez!¡Cómo no lo vimos!”, observan.

El revoleo ocular de ambos crece en vértigo y excitación.
Dudan de llamar a la policía y huyen velozmente de la oficina, confundidos, asustados y más ciegos todavía.
Silencio. El lugar queda en pausa.
Hasta que lentamente se incorpora el despojo humano.
Se mira. Mira el despiole. Recoge una botella de whisky vacía y reflexiona:
“Uh…cómo chupé!”

Luego sale con paso cansino y resacoso y quién sabe, tal vez se va a dar una vueltita por las sierras.

Se les nubló la vista a Cavicchia y del Barco. Estuvo inconsciente brillantemente, Marasini.

Lo Minúsculo: Los diálogos dióptricos.

Lo inesperable: Que Marasini no respirara.

Trivia: “¡Marasini tendría que haberse despertado, ponerse unos lentes oscuros y tomar un bastón!”, una idea que estaba allí pero el elenco no la vio.

Calificación: Un fondo ocular.

27.11.09

VYENTOS

Por la Srta. Naty Di.
Una postal talle único. Di Cienzo, Cavicchia, Angelini.

TEATRO PARA HACER EN CASA

Otra entrega de este exquisito auto-teatro. Para animar fiestas y bautismos.

Dos empleadas de local de ropa femenina ubicado en reconocido Shopping de la ciudad de Córdoba.
Flavia ( la que hace 15 años que trabaja ahí, la encargada, la que hizo carrera como vendedora de jeans) y Caro ( la madre soltera que no consigue otro trabajo y tiene un pésimo gusto)
Entra Flavia retando a Caro porque dejó el local solo.
“Ni un pucho me puedo ir a fumar tranquila al depósito”
Hablan del trabajo/Ordenan la ropa/ Hablan de la dueña / de las vendedoras de otros locales/de las comisiones/llaman de la otra sucursal pidiendo un jean de la colección Sequía talle 26/ no, gordi no me queda/ ni en pedo se lo doy, es el único que me queda/ se prende un pucho y aparece clienta en vidriera/ esta no entra acá, no tiene pinta de comprar esta ropa/ la clienta amaga que entra pero no entra/ la empleada amaga que apaga el pucho pero no lo apaga/ la clienta entra/ la empleada apaga el pucho
Las empleadas pelean por las comisiones: “la atiendo yo” , “no, dejame a mi que este mes no vendi nada”/ “Vengo por un cambio” “ este jean me lo compró mamá, chicas, y como recién vengo de new york y ya me voy me vine de una disparada”
Las empleadas no quieren atenderla: “atendela vos”, “no, atendela vos, la ultima la atendí yo”
A la clienta no hay jean que le venga bien: ”este me tira de acá”, “este me hace gorda” , “el tiro medio no es para mi” / “ese te queda pintado flaqui” / “si, te queda divino, gordi” sentencia la otra mientras mira el jean que se desliza por el cuerpo de la clienta hasta llegar al piso.
Como a la clienta nada le gusta, las empleadas empiezan a negarle mercadería
“y no tenés este pero en azul?” / “no, sabés que no me queda!"
Hasta que una se harta y le revolea un jean 27 colección Sudestada por la cabeza
"ay chicas, yo soy Pia, la hija de Clarisa Minetti"(Que resulta ser la dueña)
“no me dejan otra que hablar con mamá"
Las empleadas desesperadas se roban todos los jeans y la computadora del local.

24.11.09

CONVOCATORIA MINÚSCULA

Jopito Mc Cartney y Ósmosis Lennon, un desafío a la intelectualidad del S XXI.

UN CLÁSICO DE DICIEMBRE
GRAN CIERRE RELÁMPAGO DEL AÑO
MINÚSCULO INESPERABLE

Un cierre de año inolvidable tan Minúsculo que aún no tenemos ni idea
de lo que vamos a hacer. Evento ideal para acercar ideas.

VIERNES 4 DE DICIEMBRE 22 HS
Cineclub Municipal Hugo Del Carril
Blvar. San Juan 49
SI ESTÁS REBOSANTE DE CREATIVIDAD ENVIANOS TU PROPUESTA YA MISMO
RECEPCIÓN DE PROPUESTAS HASTA LAS 21:59 HS
(sí, del mismo viernes)

16.11.09

EL SILENCIO

Por el Sr. Camacho

Una postal para bañarla en lágrimas.



Dos o tres porquerías escénicas nos sitúan en la recepción de un hotel. Detrás de un mueble y casi como uno, pero violeta y viva, está la recepcionista, rezumante de corrección y rictus socarrón.
Cae joven rimbombante y simpático. Intercambian dos o tres palabras de cortesía. Se conocen de antes y se tratan con empalagosa cortesía. Ella:
“Hola, Miguel; tanto tiempo. Hace un año que no alquilo su habitación. ¿Y Ana?”
Un acorde trágico flota en el éter. Pausa.
Él para saltar el escollo, señala un área del hotel y dice:
“Esa parte es nueva, ¿no?”
“No”, escueta ella.

Llega entonces una chica de melancólico mirar hablando por celular.
“Sí, mamá, el vuelo sale mañana”
Él se retira a hablar por teléfono. Que resulta ser inalámbrico, por mero capricho del cable.
“¿Cómo te va, Ana?” , dice la recepcionista.
Un cruce de miradas de grado dondehubofuegocenizasquedan se teje entre la pareja.
“Chau, mi amor, te voy a traer a Córdoba”, presume Miguel.
“¿Les doy la llave de la habitación? La tengo reservada hace un año para ustedes”, clava la recepcionista.

Más silencio.
“Mañana tengo que volar. A España”, distiende Ana.
“¿Cuándo se van?”, reincide la recepcionista.
Ana contraataca “Para siempre me voy”

Silencio plus.
“¿Sola?.... me parece que metí la pata” , dice la recepcionista mientras leeeeentamente le cae la ficha y deja la llave, por las dudas.

Silencio.
“Hola” o baldazo de agua fría.
Tensión altamente seductiva.
“Ya pedí el flete”
Ella le dice: “Escuché por casualidad que hablabas por teléfono con…¿Julieta?”
Y entonces, desde lejos o desde cerca, la recepcionista comienza a opinar y a didascalear sobre lo que ve sin que los involucrados perciban nada.
“Me parece que es la actual, nena”, dice mientras hojea una revista.
Él y ella:
“¿A dónde viajás?”
“A Madrid”
“Qué raro, nunca te gustó”
“Siempre, pero nunca me escuchaste”

El joven se hace el chico duro y habla de llevarse unos muebles en un flete y le pregunta si está segura.
La mujer dice sí.
La recepcionista dice: “Te está mintiendo, Miguel”
Miguel, aunque no escuchó la acertada intervención propone:
“¿No querés que vayamos a otro lado?”

Se le dejan servida a la recepcionista que insta:
“¿Por qué no se van a la pieza y se echan un polvo?”
Ella y él:
“¿Qué edad tenés?”
“Veintidos”
“Te recordaba más grande”
“Tal vez te acordabas de algo más grande…”


Él le recuerda con malicia que ella es mayor. Y parece que mucho mayor.
“Qué pendejo te estabas comiendo, Ana…”, dice al pasar la recepcionista.
Ella le dispara que se casa.
Miguel queda mudo. Luego dice:
“Tengo una herida…Me corté con un plano de la facultad...Tardó mucho en cerrarse…”
“Qué buena metáfora” , opina la otra que no para de meter bocadillos exactos.
El diálogo continúa a pura alegoría hiriente.
“En Estructura II nos enseñan de terrenos….”, Miguel se explaya largamente y habla de los cimientos que son la base de todo y cierra, hablando ya no se sabe si de terrenos:
“Lo importante es que sea fértil”
En este punto crucial descarnado, un público gimió.
Ambos reciben llamadas de sus respectivas nuevas parejas y se produce un duelo a puro piropo.
Entonces, sin aviso y a puñalada certera Miguel le dice:
“Vine a verte”
La recepcionista cada tanto verdurea algo al pasar.
Ana lagrimea.
“Besala, Miguel”
Ana deja escurrir entre las lágrimas:
“No podemos estar juntos”
“¿Y si yo te digo que me voy con vos?”
“Me voy a casar”

Los recuerdos entretejen un diálogo desgarrador.
Él le dice que la ama.
Ella lo mira.
Sólo queda el silencio y se zambullen todos juntos en la oscuridad.
La recepcionista también.

Música hasta llorar.

Sufrieron Caviccia, del Barco y Di Cienzo.

Lo Minúsculo: La historia simple pero profunda como la vida.

Lo inesperable: Los bocadillos de la recepcionista y la ecuanimidad de los diálogos.

Trivia:Me emocioné con la música de Enrico Barbizi ”, un público que se acercó.

Calificación: Un lacrimal irritado.

1.11.09

VILLA AMANDA

Por El Presentador Enmascarado
Postal para poner apretadita en el marco del espejo.

...una crónica rara desde una mirada rara...

Yo presenté... ¿quién soy?... el enmascarado que al final muestra su cara...
Tuve que actuar y estirar... esperando al loco de las teclas... igual me gustó esperar y hacer sonidos...
Me paré en el escenario y veo a uno de los actores esperando por entrar... eso me gusta y me da miedo...
Raro...
La gente se ríe.. la gente espera ... la gente toma... la gente se enoja...

Salgo y hago algunos efectos de luces para la entrada de los personajes... de las personas...

Un cuerpo envuelto en una tela se mueve al sonido de lo extraño.
Un lugar lejos de la ciudad. Una casa muy grande habitada.
Casi abandonada.
Dos hermanas. Amanda. Amanda.
Una espera a alguien que se fue. La otra espera que alguien venga.
¿Viste Persona de Bergman? No sé porqué me hizo acordar.
Llega uno... hay que talar la higuera...
que si ... que no... que caiga un chaparrón..

El extraño se convierte de un segundo a otro en cuñado... eso pasa y no es raro. ¿o sí?

Llegan los hijos... vestidos iguales a ellos, calzados iguales a ellos, se llaman como ellos...
¿existen?

Una de las hermanas está enojada... lo golpea al hombre que mira al sudeste... algo le pasa...espasmo...
queda duro... lo tapan como un mueble... es un mueble...
van a vender la casa...

¿Leiste Las 3 hermanas de Chejov? No se por que me hizo acordar...

¿Fuiste al Minúsculo?
No.
... estuvo raro... muy raro...
Angelini una Amanda, Di Cienzo otra Amanda, Monteagudo el tipo carademuñeco.
Lo Minúsculo: La pincelada visual.
Lo Inesperable: El salto temporal sin garrocha.
Trivia: "¿No fue corto?"
Calificación: Tres pesadillas.

15.10.09

MADRUGADA

Postal para convidar. Monteagudo, Cavicchia, Dreizik. Foto: Héctor Fuentes.

HAGALO USTED MISMO

Otra entrega de este exquisito auto-teatro. Para animar fiestas y bautismos.

Minúsculo guión
Parada de colectivos.
03 de la madrugada.
Se encuentran tres seres.
Una chica universitaria retraída que viene de cortar con el novio.
Un veterano jubilado pero microemprendedor que lleva una maceta con una planta.
Un hippie muy hablador y además artista callejero.

Desarrollo:
El bus tarda como todo bus. Plantear que la que corre peligro es la chica. El hippie le avanza todo el tiempo.
Final:
La chica revela un martillo ensangrentado con el que cortó con su novio.
Le hippie se va precavido.
El veterano se lleva a la chica en taxi para que no le pase nada.

Fin.

12.10.09

MINÚSCULO CLANDESTINO

Postal para analizar. Monteagudo, Di Cienzo, Dreizik.


HÁGALO UD. MISMO

Inauguramos un nuevo espacio en este blog que por suerte no cuesta nada.

Si le gusta el teatro agarre este guión y hágalo con sus amigos. No es imprescindible saber actuar.

Minúsculo guión

Dos hombres integrantes de “justicia cultural” planean un atentado a un Shopping.
Bomba dentro de caja de zapatos que deben cambiar en local del Shopping.
La bomba la llevará la mujer de uno de ellos sin saberlo. El otro se opone porque siempre estuvo enamorado de ella.
Discusión.
Ingresa la mujer. Es insoportable.
El enamorado no dice nada.
Su esposo le da los zapatos para que cambie en un local del Shopping.
Se lleva la bomba.
Pum!

NOTA: En el teatro todo es mentira; desde lo que sienten los actores hasta la bomba. Se recomienda no usar bomba de verdad. La inclusión de un músico vivo en vivo es vital para el desarrollo atmosférico de la pieza teatral.

7.10.09

ACCIDENTE

Una postal para no regalarle a nadie.

Los seres responsables de cada Minúsculo exponen sus apreciaciones sobre lo acontecido a corazón abierto y con catarsis depurada por la reflexión post- escénica.
La primera vez que vi una de Lynch quedé mal. No me había gustado y no había entendido. Pero no había quedado mal por eso. Había quedado mal por que no supe como hacían los actores para actuar lo extraño. Esos universos paralelos y extraños. Pocos conocidos. Más oscuro. Más vacío. Más silencio. Más quietud. Más nos interesa.
Dulce juego de tomar y quitar.
Doy algo para entender y para luego entrar en el sombrío terreno del "no entendí nada".

Momentos que más me gustó actuar: El desmayo permanente. Las convulsiones. El baile erótico. El beso. El contador de la oficina.
Momentos que me hubiese gustado actuar pero no se dio la situación: Llorar con ella mientras nos cambiamos de ropa. Desnudarme de espaldas mientras ella rebotaba una pelota. Bailar al compás de un tango mientras ellas sin saber perdía sangre desde un oído. Cantar con un micrófono antiguo imitando la voz de Roy Orbison mientras ella tirada en el piso tomaba un Cosmopolitan.

Momentos que más me gustaron de ella: Cuando no entendía quien era al sacarse la peluca. Al llorar por una supuesta hija muerta. Al momento de tocarse buscando lastimaduras. El momento que me tuvo miedo. Cuando me tiró agua. Cuando se desmayó y no supe qué hacer. Cuando me dijo te amo.

Momentos que soñé mientras escuchaba a la platea: Entra Deivid Lynch y me invita a actuar en una película. Ahora me desmayo en serio.
Fin del sueño del actor.
Xavier del Barco (Francisco, Roberto, Rodolfo, el contador)

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Cosas del minúsculo:
Una carretera, elementos tirados a propósito, otros que luego tiramos sin querer y dos cuerpos inertes en su longitud. Ideas previas a las que tuvimos que renunciar por nuevas que se abalanzaron sobre la escena. Quisimos un minúsculo raro y lo tuvimos. A mí me gustan, espero que al público también. En el ambiente todo es desconcierto, miradas, contactos y silencios. El amor, el baile y luego el personaje extraño que relataba poéticamente los hechos que pasaron e iban a pasar, mientras dormíamos despiertos los accidentados. Se desploma uno como latigazo contra el piso, luego la otra. Se desconocen como los que más se conocen, los amantes, los enamorados. Una niña que no está, sangre falsa y agua que se convierte en líquido de freno. Los dos se dicen amarse acostados en la carretera. El extraño se derrumba.

Cosas del minúsculo extra minúsculo:
Los flashes de las cámaras de fotos de la gente mientras se me dormía el brazo y se me aplastaba la ceja izquierda contra el piso.
La impaciencia de encontrar el momento exacto para quitarme la peluca en escena y después lo superpuse con una intervención de del Barco y perdió el efecto…
Las señas (incomprensibles para mí) de Monteagudo desde el baño (seudo camarín); ¿qué me habrá querido decir?
La promesa cumplida de del Barco de no dirigir desde dentro de escena.
La ansiedad de ver la filmación de video que según Simón quedó buenísima con plano y contra plano por la disposición del espacio en relación a la cámara.

Liliana Angelini (Ella, Cristina, la de la peluca, la que sangra, la que grita)
***************************

Espacio extrañado. Una ruta perdida o una pasarela en penumbras por donde desfilan personajes confundidos.
Elementos disgregados. Ropa, valija, rueda. Me gustó la digresión.
Todos en el mismo universo de confusión.
Los personajes configurados una hora antes. Ropa sobre ropa. Esta sí, esta no.
¿Cómo se tienen que ver?
¿Cómo tienen que ser?
¿Qué les pasó?
Nadie sabe. No importa.
Les pasó todo.

Desde atrás, por la rendija de la puerta intentar escuchar y ver. Retener palabras, momentos y esperar la marca del clima sonoro para entrar a hilar lo que fue apareciendo por puro azar, por puro capricho.
Me paraba los pelos que se me bajaban. Mucho fijador, luego un martirio desenredarme.
Aparecieron cosas que no estaban pautadas. Diálogos. Datos.
El final de la caída libre apareció porque estaba ahí.
Clima raro. Me gustó. Me hubiera gustado más enredado.
No me gustó como hablé.
Fue difícil.

Luego se fue todo dentro de una valija.
Tal vez lo repitamos alguna vez.
Nos gustaría hacer una obra.

Ruta, rueda caliente, Francisco, Roberto, Rodolfo, Cristina o no Cristina, dibujitos de niña, un contador, raspones, sangre tibia que era lápiz de labio, sacate la ropa, quién sos, quién soy, cuidado el animal de ojos brillantes en la ruta…

Jorge Monteagudo (El tipo del piyama, pelos parados, almohadón y pies descalzos)

22.9.09

ESTO FUE MINÚSCULO SORPRESA





Fotos de Fósforo Teatrico

Rodríguez cumplía años. No diremos cuántos pero es el mayor de todos. Está mejor que los que quedan.
Pidió no saber de qué se trataba el Minúsculo ni qué tenía qué hacer.
Entró crudo.
La situación era un casting, algo que él odia y más o menos todos también.
Hubo maldades escénicas.
R! hizo que se enojaba. Algunos se lo creyeron.
"No me enojé para nada", declaró a varios medios.
Al final hubo regalitos y todo.
Le gustaron mucho y después jugó a Guillermo Tell con un actor tembloroso.
No hubo animales dañados.
Fin.

MÁS ALLÁ DE LA PUERTA ABIERTA

Por el Sr. Camacho
Hermoso registro de un momento que debería figurar en todo catálogo teatral.

Backbackstage teatral.
Un ordenanza solitario y resentido avanza a puro insulto sobre el espacio rojo, aterciopelado y cubierto de esas cosas inútiles que usan los actores. Los “jipis” que hacen teatro no le caen en gracia.
Suena un piano cansino a puro ribotril.
Revuelve entre los ropajes reciclados. Y arremete sacrílegamente contra un pañuelo de seda, fugitivo tal vez del cuello de algún arrebatado actor, y se suena la nariz. Luego se lo pone sobre el cráneo como una veterana paqueta.

El piano inhala el aire juguetón y repiquetea como loco.

Se desliza flacamente dentro de una especie de túnica de época, completa el atuendo con una peluca ensortijada, deja salir su ser reprimido artístico o gay y se metamorfosea en una odalisca muy tocable de sugestivo contonear viboril inmersa en dulces acordes de música oriental.

Entonces llega el que tiene pinta de ser un director de teatro muy grosso.
Traslada en su sangre una intensidad sin precedentes dentro de su camisa blanca, su chaleco de traje y su bigote recatado. Lleva bajo un brazo una sinfín de libros que intuimos de teoría teatral pura.
En la otra mano le hierve un celular.

Pide a los gritos insumos humanos y técnicos para una puesta que parece ser a gran escala: catorce actores y 124 par mil, que son unos artefactos lumínicos que para que uno se haga la idea serían como el exacto extremo opuesto de la primera lamparita que inventó Thomas Alva Edison.

Ve al odalisco espontáneo y el voideville comienza con la pregunta:
“¿Es usted el reemplazo del actor?”
Y como todo esto es pura aceptación el otro dice sí.
Pero como JPG de lo acontecido naveguemos un rato por la mente atribulada de uno de los actantes:

"Mirá, Marquitos… Me parece que la estructura es muy simple a propósito. Más amplia, mayor recorrido expresivo. La onda me parece que consiste en explorar qué es lo que pasa con nosotros dos durante la escena... es decir si pinta quilombo que pinte quilombo pero todo sostenido desde lo actoral... si querés que metamos textos de otras obras... metamos... total... me tengo que inspirar en un director... de teatro... por supuesto... no sé por que me hace acordar a Peter Brook... Ese tipo de teatro que no vemos pero que conocemos de oído... qué se yo... fijate... Otra cosa que me gusta es el mundo de la ópera... el regisseur... qué palabrota... ¿no?... Me parece que tenemos que explotar eso... Todo ese universo... El del escenario vacío y la soledad del ser y la nada... me parece... porque si no divagamos muchos... más amplio y a la vez más preciso... como dijo alguien que no me acuerdo... teatro elitista para todos.... dejemos que aparezca lo extraño... podemos dejar esos espacios muertos, de nada donde se comienza a incomodar a la gente... ¿Y si lo hacemos todo a piso? ¿O desnudos? No. No. Después se arma quilombo y dicen que lo hacemos a propósito.... Dejemos que fluya el rió del agua más transparente... pura realidad escénica... el otro habla y es una bomba para uno... todo es suceso... Me gusta la palabra suceso... ¿Te parece que va a ser muy complicado de que actuemos los 2 solos? Si tenés razón. Subamos... ¿Pagas vos el cafecito? Estoy corto de efectivo..."

Ignoramos si el otro actor le respondió o se distrajo buscando cambio para el café o estaba preocupado porque rendía al otro día.

En dfinitiva, todo terminó muy bien con un par de muertes concéntricas e repetibles.

Armaron este Minúsculo sentados cómodamente en la mesita del bar un del Barco a dieta y un Cáceres lleno de apuntes.

Lo Minúsculo: Las auto-didascalias y el efecto me muero y revivo en la ficción pero es todo mentira como la verdad.

Lo inesperable: Que no entrara un tercer actor nunca.

Trivia:El director de teatro es igual a……”, un público.

Calificación: Un bolo en una obra de autor.

6.9.09

GEMELAR

Por el Sr. Camacho
Una postal trágica.

Esta es una historia de la vida real que fue cedida con amabilidad por Consumidor Furioso e incluida en el ciclo Minúsculo Retorcidísimo debido a su temática extrema.

“Mami trabaja como negra todo el día, es madre soltera de las mellizas y de El José o al menos eso se decía… (El Jose es hemipléjico, balbuceaba y tenía un retraso muy avanzado, tiene 3 años de cabeza y en verdad son 30).
Cuando mamá se va a trabajar las Melli hacen el trabajo de amas de casa y cuidan a El José.
Cuando los trabajos de la casa terminan juegan a la casita.
Las Melli representan a mamá y papá y El José es su hijo.
Los chicos representan todo lo que ven o lo que sus pequeñas cabecitas imaginan y así surge el maltrato psicológico y físico con su hermano El José, surge como un juego.
(…)
Representaban peleas de mayores y siempre la culpa era del “tontito” como le decían, lo obligaban a comer de las comiditas de barro que hacían, le pegaban si no comía, lo hacían dormir en el carrito (La silla de rueda donde estaba El Jose postrado) y si lloraba le daban la teta “literalmente”, cuando Papa/Sandrita estaba con ganas lo manoseaba y Jose gozaba sin saber de que se trataba, pero si mama/Laurita los veía se enojaba y le pegaba.
Mamí desconocía todo lo que pasaba cuando ella no estaba en la casa.
Una tarde de juegos entre hermanos, encuentran la partida de nacimiento de las Mellizas y decía “literalmente” que los padres de las nenas eran Mami y El José. Las nenas entendiendo poco la situación trataban de razonar si lo que descubrieron podía ser cierto y para ello interrogaron a El José en una tortura interminable (…)

(…) las Mellis abrieron la puerta de casa y se descubrió el cuerpo de El Jose en su silla de ruedas, no se supo si vivo o muerto, eso quedo en el imaginario popular. Las Mellis contaron la verdad, que El Jose se puso loco y se prendió de los cables sin soltarlos y ellas trataron se sacárselo y no pudieron.
La casa se deshabitó, dicen que las Mellis comenzaron un tratamiento en el neuro psiquiátrico del hospital y no supimos más (…)
Todo lo que quedo fue un rumor y muchas dudas… ¿Mami y El Jose eran hermanos?... ¿y a su vez padres de las Mellis?...eso dicen por el barrio.
De esto hace unos 19 años y ya la historia se perdió y los protagonistas también, solo quedamos los chicos del barrio, que nos enteramos de cosas sexuales y sucias de los que vivían acá a la vuelta, en la casa al lado del Negro Moya."

Lo Minúsculo: Las composiciones actorales.


Lo Inesperable: Que haya sido realidad y que el presentador haya olvidado mencionarlo.

Trivia: “Qué pena, no vino Consumidor Furioso”

Calificación: Incalificable.


UN TOQUE DE COLOR

Por el Sr. Camacho
Una postal para pegar en el cuaderno del nene.

Típica sala de estar al paso. Dos femeninas se ven, la otra permanece de espaldas. Arranca y el teclado furioso y ácido las mete en un pub que no se ve.
La lacia y verde de oxfords baila con su esqueleto discordante.
La elegante de vestido negro posa y está.
De pronto cortan y discuten. Parece que estaban representando algo y una le exige a la otra un pie que no le dio. Cuando digo pie digo pauta o marca escénica, no extremidad de la pierna.

De nuevo chillout cool. Pero la cosa no anda.
“Corten”, dice la que está de espaldas. Es una mulata severa de rojo.
“Son las peores actrices que vi en mi vida”.

Parece que las dos están en algún tipo de terapia con algún tipo de terapeuta.

“Hablemos de lo que pasó (PAUSA) ¿Qué pasó?” , propone Tina, la mulata terapeuta.
Las chicas son Guille la gata elegante y Sole la chica dura. Y son pareja.
La moderna terapeuta les hizo representar la bolichera escena porque así se conocieron.

Tina da una breve charla de psicología básica para toda la familia y les pide que cuenten en detalle cómo fue ese momento.
Guille cuenta pormenorizadamente la noche del flechazo.

Boliche. Miradas. Guille cuenta que va hacia ella y se tropieza. Y Sole le dice: “Me gusta tu peinado”. Un clima romántico las envuelve.
“Bueno, basta. Me aburrí”, baja la persiana romántica Tina y le pide a la otra media naranja su versión.

NOTA: en el público, un fotógrafo reidor con una cámara con un teleobjetivo como si estuviera en el Chateau le sacaba fotos a las actrices.

Tina, muy terapeuta, pide síntesis sin favor.
La versión de Sole difiere en algunos aspectos: le dio pena el tropezón de Guille y al verla le dijo “No me gusta tu peinado”
¡Para qué! Se arma tremenda discusión y comienza a aflorar la lencería al sol.
Sole es sumamente hipocondríaca. En su relación enumera que tuvo: cáncer de colon, tumor en el cerebro, gastritis y sida, pero se curó.

Ambas se hacen daño recíprocamente y yendo de menor a mayor.
“No te metas, Tina”
“Sí; que se meta que le estamos pagando”


Tina pregunta si trajeron el objeto que les pidió que según cada una representa a la otra.
Guille trajo un paraguas pero sin mango. “Eso representa Sole para mí”
“¿Qué lo sostiene?”, pregunta Tina.
“Ese es el problema. No tiene palo”, responde Guille.
Tina se despacha sobre la representación de lo fálico y el tema comienza a batirse como para hacer merengue.
Se desarrolla el siguiente diálogo que tipeo con reparos.

GUILLE- Una vez compramos un juguete.
TINA- ¿Qué cosa?
SOLE- Un palo…pero más…redondeado.
TINA- ¿Con huevos?

En este punto se arma una que no da para descripciones detalladas sino sólo para vagas generalidades.
Un diálogo sexual gentil, cuidado y nada gratuito pero irreproducible que cierra con la pregunta de la terapeuta “¿Con qué gozan?” y la respuesta explícita sobre la sexualidad femenina vociferada por el fotógrafo del teleobjetivo.
Le llega el turno del objeto a Sole y trae un plato.
“Playo, pequeño y vacío”. Simbolismo puro.
Guille quiere decir algo pero le cuesta.

Nuevo desbarranque de la mulata: “¿Te gusta el pene? ¡Cómo no te va a gustar si el pene da vida!”, dicho con una vehemencia sonrojante.

Discuten nuevamente y Sole abraza a Tina.
“Esto no es ético, no me toques. (PAUSA) Yo me toco sola.”

En eso le suena el celu y tiene una llamada de su hijo:
“¡Hola, hijo!.... ¿Cómo te fue en el examen de ingreso?....Venite en 10 minutos….Beso”
Sole sigue llorando:
“Necesito contención, doctora”
“Bueno, busque a su madre”

La terapia continúa por carriles insólitos hasta que Guille recibe una llamada a su celular.
Se excusa y habla muy románticamente. “Estoy en terapia… ¿Te fue bien? ¿Qué te sacaste?”
Luego comete el pecado del “cortá vos…no vos”
Finalmente corta y aclara: “Mi vieja”
Sole se da cuenta del engaño y todo explota.
“¡Hablaba con Fede!”, revela Guille. Y que salen desde hace dos meses.
Tina sospecha, le pide el celu y compara los números en llamadas recibidas.
Luego se le va la terapeuta al demonio y toma del cuello a Guille al grito de “¡Decime el nombre del pibe!”
“Fede Romero”
“¡Es mi hijo!”,
aclara Tina.
“¡Estás saliendo con un negro, pelotuda!”, le recrimina Sole.
El pibe tiene 18 y ella 35.
“¡Es mi nene, yo lo circuncidé!”, clama la madre traicionada.
“¡Encima de negro, judío!”, arrebata Sole.

La debacle ya no tiene retorno posible.
Sole y Guille medio que recomponen su relación y deciden buscarse otra terapeuta.
Tina las insta a hacer “el ejercicio del viento”.
“Volá para allá, literalmente”
Ellas giran sobre sí mismas como torbellinos femeninos.
Pero Tina no puede con su profesionalismo y corrige.
“Está mal. El viento latiga” y comienza a girar como una Pomba Gira demente y posesa.

Luego se va y les deja:
“Me voy, me dan asco, tortas de mierda”

Se regocijaron Angelini, Cavicchia y Di Cienzo.

Lo Minúsculo: La guerra de las canciones y el blues negro con coristas incluidas.

Lo inesperable: La participación dialoguista activa del público.

Trivia: “No la voy a hacer negra, la voy a hacer mulata nomás”, la actriz respectiva.

Calificación: Un paraguas sin mango.

BLACK RANGER

Por el Sr. Camacho


Postal de un trío amante de los viajes temporales.

Si pudiéramos aventurar un género para este Minúsculo, sería Policial Negro Fantástico.
La oficina bogartiana velada por el humo del puro nos contiene a una especie de Sam Space/Napoléon Solo/Mike Hammer/Maxwell Smart en gris composé, sombrero al tono y con una mano postiza.
Es Cara de Niño Harry, private investigator. Su cara de niño y aspecto de investigador privado lo avala.
Brandy, habano, periódico robado de algún tacho de basura.
Casi podemos deambular con él bajo las luces de neón en falso contacto de la calle 52 con el cuello sumido en el perramus para protegernos ingenuamente de la llovizna persistente.

Soliloquia y soliloquia en castellano neutro. Nos deja ver su en derrape carrera y su espera de algo que le devuelva sus antiguas glorias.

Sólo un viejo tocadiscos lo acompaña y deja sonar una melodía recurrente y taladrante.
Entonces, llega ella corriendo, agitada, asustada, envuelta en sombras.

Una Ingrid Bergman morocha envuelta en un fotograma de cuidada fotografía.
Viste un tapado oscuro con detalles rojos y es estilizada en extremo.


Ella es un fotograma.

“Blanca palomita”, la piropea él.
Le ofrece Brandy, ella se lo baja de una pero con sensualidad.
Ella con dificultad balbucea algo sobre un Edward.
“¿Tu esposo te engaña?”, aventura el avezado detective. Y luego le tira mil hipótesis sobre su esposo.
Ella sólo pregunta: “¿Qué perfume usa?”. Luego llora. Y pide silencio.
Él queda tecleando. Barbizi también.
Ella quiere llevarse su fragilidad etérea a otra parte pero entonces el detective va hacia el tocadiscos y se manda un scratching que haría morir de envidia a Fede Flores y retrocede el tiempo.
Un flashback en vivo.
Él le sirve de nuevo Brandy. Ella se lo bebe de un saque. “¿Qué perfume usa? Lo confundí con mi marido.”
Luego le tira “Creo que quiere matarte”. Opa. La cosa se enreda.
Ella se va.
Flashback.
Ella vuelve.
Se presenta como Rebecca Miller, tiene el aspecto de ser la esposa de un acaudalado empresario o poderoso miembro de la mafia.
El detective, con extremo y meloso lirismo, la llama comparándola con avecillas: Palomita, Colibrí, Gorrioncito.
Ingresa un longui líneo de andar fredasteriano. Lleva sobretodo, sombrero, porta bigote hirsuto, fuma un puro, y se mueve como un mimo sepia. Parece una de las comadrejas de ¿Quién engañó a Roger Rabbit?
Saca un arma y extraescénicamente mata a Rebecca.
Flashback del tocadiscos y todo vuelve a empezar, pero como en un Día de la Marmota Oscuro, él se antecede a los acontecimientos. Ella descubre su vestido rojo sangre como una premonición.
“¿Lo conozco?”
El brandy de nuevo.
“Siento que me embriaga con sus palabras”
Rebecca se va de nuevo y llega el otro, su socio, el mimo sepia y baila jazz como ninguno.
Le cuenta que el Jefe les encargó un nuevo trabajo que los sacará del pozo: Aniquilar a Rebecca Miller por cinco de los grandes. El Jefe de ellos es el esposo de ella.
Y justo vuelve la dama de rojo que es matada con frialdad y muere estéticamente.
Cara de Niño Harry llora con cara de niño.
“¡Yo la amé! ¡Fue poco pero la amé!”
Su socio se va a ver al Jefe y lleva un zapato como prueba.
El loco de amor detective hace scratching nuevamente y la beldad revive.
Él le cuenta todo de un tirón y le ofrece huir del país con un pasaporte falso.
“Siento que mi vida es un film”, dice Rebecca. Y agrega “¿Qué perfume usa?”
Ella está por salir. Se miran largamente como en el final todos los films románticos de los años cuarenta.
Pero llega el socio risueño y arranca el loop negro y policial como un bucle grácil y eterno.
Pero como la ciencia ficción nos enseñó, si uno cambia algo del pasado altera el presente y el futuro: el que muere es Cara de Niño Harry por el disparo de una mini arma empuñada por manos blancas de Rebecca Miller.
El socio pérfido se la lleva engañada y la ultima de un vil disparo que no vemos pero que seguramente es por la espalda.
Lo imaginamos ahora, despilfarrando esos cinco mil de los grandes en algún tugurio de la calle 52.

Hicieron rewind: Díaz Abregú soliloquero, Melina Passadore en re-debut exquisito y Cáceres en el papel del traidor danzarín.

Lo Minúsculo: El diseño de arte que pintó el minúsculo. Y las cebitas del revólver que se resistían a cumplir su cometido.

Lo Inesperable: El disco que se clavó y Barbizi que con lucidez musical tomó la posta sonora al vuelo con scratchings incluidos.

Trivia: Diálogo: “¿Por qué se llamaba Black Ranger?”, “Era la marca del tocadiscos”

Calificación: Tres halcones malteses.

17.8.09

FLOR AMARGA

Por el Sr. Mepusealdía Camacho


Postal peligrosa.



Medialuz. Espacio muy doméstico. Televisión. Sillón. Mesita de living comedor. Una femenina se pinta los labios en el reflejo bombé de la tele apagada. Es Laura, muy blanca y de mirada despejada. Se mueve sostenida como si flotara.
Llega Renzo. Pelo mojado, jeans apretados, camiseta, botas altas, toalla al hombro. Un especie de actor porno en el sistema de protección de testigos de la CIA.
Casi que no mira a Laura y dice:
“¿Vos abriste la canilla del agua fría?”


Y ahí arranca, casi como la canilla de la que habla, un torrente de palabras salen de su boca como géiser sin tapón. Prende la tele, lee el diario y dale que dale. Del enjambre oral cosechamos:

-colgame la toalla
-sacame las botas
-esta tele no prende
-¿pagaste el cable?
-la puta madre
-algo de la presión del agua
- llave escalera
-pide café
-buscapolo
-neutro
-polo
-positivo / negativo
-no le gusta el café


Explica el funcionamiento de la llave escalera con mucha mano y detalle mientras el piano firuletea.
Percibimos con perspicacia que es electricista y el típico marido insoportable.
Laura lo mira y, suponemos, lo oye aunque si la tocáramos con un buscapolo comprobaríamos que está desconectada.


Laura mira a Renzo y le pega terrible bandejazo en la cabeza.
Suena la chapa y se hace vivo el silencio.
Renzo cae inerte y queda colgando sobre el posabrazo del sillón. Luego rueda al suelo. Ella muy calma toma un celular y llama.
“Hola, Estela…. Necesito que vengas…..es urgente…”
Luego limpia el café derramado y tapa el cuerpo con una manta y diarios.
Se sienta en el sillón y bebe café.

Llega Estela muy en cuadrillé y rebosante de intensidad. Botas muy altas, flequillito y lentes retro. Salió de la oficina. Parece que le va muy bien.
Ve a Renzo en el suelo y lo trata de vago por estar durmiendo.
Laura disimula. Estela la mira.
“¿Vos te pintaste los labios? Estás muy arriesgada”
Pregunta si Renzo sigue verborrágico, hecho que comprobamos instantes atrás.
“¿Te pegó? ¡Lo mato!”
Estela pide té. No toma café porque la altera. Y sin azúcar porque también la altera. Imaginamos lo que sería alterada y nos da un vahído.

Sigue tratando a Renzo de linyera por dormir en el suelo tapado con diarios.
Pero entonces, Laura le revela su cuerpo inánime.
“Está morado”, opina Estela con ojo de abogada clínica.
“Le reventé la bandeja contra la cabeza, se la estampé contra el cráneo”, certifica su esposa.
“¿Está muerto? ¿Qué vamos a hacer con este fiambre?????”, aventura su amiga.


Aquí el diálogo cambia su sesgo policial y adquiere carácter de confesiones sexuales. Nos enteramos de que Renzo era estéril, que no se cuidaban íntimamente, que él la agarraba de las orejas contra la almohada, contra la mesada, contra el inodoro, contra el asador.
Estela hace mucho que nada. Laura le sugiere:
“¿Por qué no aprovechás este muerto antes de que se le vaya el rigor mortis?”
Estela lo toquetea por abajo de la manta.
“¿Esto está muerto de verdad? ¡Pero qué increíble! Es lo único bueno que tenía este hombre”


Urden un plan, y ambas confabulan un asalto.
“Ayudame a hacer desaparecer el cuerpo, Estela”
“Yo no soy un mago, Laura”



Planean enterrarlo a los fondos de la casa. Pero deberá ser grande el pozo.
“Capaz que si lo doblamos, hizo gimnasia de joven; es flexible”
Pero deciden serrucharlo y enterrarlo en varios pequeños pozos y desparramar los miembros.
Laura lo quiere marcar para cortar, Estela propone que sea a ojo.


Lo arrastran. Lo envuelven en la manta. Lo atan. El piano arpegia en graves.
Blanden un serrucho con peligro.
En un momento la esposa penosa se arrepiente y se quiere cortar las venas pero es disuadida por la intensidad de Estela.
Grillean los grillos.
El serrucho se acerca a los pies de Renzo. Pincha.
Renzo grita.
“¡Hasta matar te sale mal!”
Renzo, con miedo para todos, comienza a hablar. Dañado pero comienza a decir palabras, a armar frases y pregunta qué pasó.
Le dicen que entraron ladrones a la casa y lo ataron con un nudo muy complicado.
Renzo sigue hablando y dice cosas como qué barrio de mierda, pero qué inseguridad, pide café, luego dice qué gusto feo, el café es una planta que tiene una flor amarga, insulta, llora, le duele el chichón.
Se mira en la bandeja y se llora porque es feo.
Laura sin querer le tira el café en la cara, Renzo llora, Laura para compensar se tira café en la cara ella misma. Estela mira contenida.
Se inicia un momento dulce y emotivo en el que Renzo le pide perdón a Laura lacrimosa.
Renzo habla y habla. A la pasada retoma el tema de la llave escalera y los polos.


Estela, recoge sus cosas para irse. Pero vuelve sobre sus pasos.
“Me olvidé de algo”
Y le da mil doscientos bandejazos en la cabeza a Renzo que cae redondo- redondo.
“¡Me había pedido perdón!”, grita Laura.
“Vos no te merecés esto. Vení, Laura” La abraza y se la lleva hacia la ventana.
Laura llora.
“Agarrame de las orejas, fuerte….te amo, Renzo.”
La luz agoniza como Renzo.

Abrazo de Estela y Laura a contraluz.

Experimentaron la violencia doméstica Angelini, Cavicchia y Rodríguez.

Lo Minúsculo: El bandejazo con la bandeja que se buscó por todos lados y apareció a último momento.

Lo Inesperable: La muerte de pique nomás.

Trivia: “No me dolió el bandejazo, pero me mataron a pisotones”, adivinen quién.

Calificación: Un sutil bandejazo.

AUSTRAL

Por el Sr. Camacho y Mr. Ship
Hermosa postal para regalar o regalarse.
Ignoramos si la finalidad de este gráfico es disuadir a la gente de viajar en avión, pero es sumamente inspirador.
En la caja negra algo más o menos así podría haberse escuchado:
"Bienvenidos señores pasajeros a nuestra flota Austral. Les habla el capitán a bordo. Este es el vuelo ARE 1322 con destino a la ciudad de Sidney. Le informamos que nuestro avión cuenta con las medidas necesarias para un vuelo placentero y... ¡Torre de control! ... tenemos... proble…velocidad!.... ¡Mayday! aux.... ¡Oh, Dios!!!¡... tene...!!!”

Luego dos personas se quedan solas en una isla. Llega la desesperación. Llega el hambre. Llega el miedo. Llega la locura. Llega el amor. Llega otro hombre... Y la cosa se complica.

Tres actores se tiraron al agua literalmente. Poca pauta, dos o tres cosas escondidas en bolsillos y valijas. Datos que se hundieron, final manipulado en escena, tentadas no disimuladas.
Dos desconocidos en un pedazo de tierra que dice ser una isla. Una plantita como única vegetación.
Un piloto novato, un amnésico cariñoso. Una versión náufraga y lisérgica de secreto en la montaña pero en una isla. Primero miedo, luego amor, luego surgen dos musculosos aguerridos. También aparece Roberto, una pelota amiga. Todo es paradisíaco.
Hasta que llega el dueño de la isla montado en un delfín. Un hippie donjuanino que viene a buscar su cultivo y se lo fuma.
Aparece la desconfianza, el recelo, la supervivencia y un secreto oculto en las maletas: cada uno tiene la foto del otro. Misterio. El piloto también confiesa su amnesia oculta. Ninguno sabe nada. Miedo y mutua muerte.
El hippie se va con su plantita cabalgando hacia el horizonte en su delfín rosa.
Y se lleva a Roberto, para sus pibes en la isla.

Como el amnésico nadador, del Barco; como el hippie misterioso, Cáceres; como Jack el piloto, Monteagudo; como Roberto, una pelota adquirida enfrente por $4.

Lo Minúsculo: Las destrezas acuáticas y la pesca de especímenes.
Lo Inesperable: El hippie y su delfín.

Trivia: “Parecían Borges y Álvarez”, una asidua espectadora que presenció la tentadas de los náufragos.

Calificación: Tres aguavivas.

EL ELEGIDO

Por el Sr. Camacho
Postal coleccionable a todo color.

Ante todo, ignoro el porqué del nombre de este Minúsculo. Esta fue la Historia de la vida real gentilmente enviada e intertextualizada en vivo y en directo:
“Un gay muy divo y mersa, me tenía un vestido que yo amaba y no quiso devolvérmelo. No me recibió como acostumbraba a hacerlo y en su lugar, envió a una empleada a decirme que mi vestido se había extraviado. Yo que había, hasta ese dia, visto como maltrataba a sus empleados, me iba pensando "ya me las vas a pagar" cuando de frente, cargado con las bolsas del súper me lo encuentro a José, el mucamo travesti del tipo: -¡Hola, cómo estas José María!
-¡Mal! ¡Este desgraciado no me paga, cuando lo hace me da dos mangos y me hace laburar como una negra!
-¿Y por qué seguís con él? ¡Encima te trata tan mal!
-Porque no tengo donde vivir en Córdoba, no conozco a nadie, no tendría ni que comer si me voy.

-Mirá, la comida sería lo de menos, yo tengo un departamentito de servicio en mi casa, si querés te podes venir conmigo, me ayudás a limpiar esa casa enorme que esta tan fea y la tengo que reciclar. Y vas a vivir al menos con gente que te trate bien.
- ¡Yo soy albañil y electricista! te puedo ayudar a arreglar la casa entera.
¡Una vez más el universo entero estaba de mi lado!!!!!!

-¡Ni una palabra más, andá a buscar tus cosas, yo paro un taxi y te venís conmigo ya!

Bueno, el detalle es que yo estaba casada.
Me fui al centro a buscar un vestido y en cambio, volví con un travesti que había adoptado. Le tuve que pedir que se fuera a dar una vuelta mientras yo convencía a mi marido de la genial idea mía de convivir con un travesti. Fue una re puteada machista con gritos y con alusiones a mi locura y tendencia a juntarme con putos.
José, de día laburaba en casa como albañil. Tenía pinta de hombrecito joven, cara angulosa pero al ser de estatura media y delgado. Pocas veces he visto una imagen más convincente con tan bajo presupuesto como el que manejaba para lookearse a la noche como María José. “
"...Llega a visitarme una amiga hiperfemenina como los travas..."

Acá El Minúsculo manipula la historia por falta de personal y la transforma en un marido que confunde a una amiga de su esposa con José, el travesti y la pone a hacer trabajos eléctricos.
Finalmente llega su esposa y María José. Todo se aclara pero se oscurece un poquito. Las amigas se van de compras mientras el esposo y María José bailan acaramelados un cuarteto.

Se contuvieron Angelini, Di Cienzo, Dreizik, y Monteagudo.

Lo Minúsculo: Las composiciones actorales.
Lo Inesperable: La historia, envidia de Almodóvar. Y el cabezazo de un actor a una actriz.
Trivia: “Estás igualita a mí”, la autora a la actriz.

Calificación: Ñoquis con salsa bolognesa para cuatro.

16.8.09

HOGAR DE DÍA/NOCHE BERNABÉ BUTTONI

Por el Sr. Camacho
Postal de un fin de año para el recuerdo.
Continuando con la última reseña del ciclo Historias de la vida real traemos esta acuarela multisensorial de la tercera edad. Ignoramos si esta historia fue real o no, pero tenemos claras sospechas como para seguir ignorándolo.
Tres ancianos de andar lento, oscilante, tembloroso y fellinesco. Avanzan en mini pasos por el jardín del público.
Toledito muy encorvado, vacilante verbal, ocurrente crónico, barba blanca, anteojos bifocales, bata de eterno recién levantado, pañuelo de bueno mozo al cuello y gorra celeste cielo.
Oliberto de parruqueta sobre canas, corbata de desafiante gusto, lentes color esperanza, bastón amigo, labio colgante y aura de típico veterano enérgico.
Angelita de tetas portables, salto de cama sin garrocha, rulero olvidado en el jopo y pliegues coleccionables.
Toledito, apoyado en un ínfimo bastón, se queja de la ciática.
“Probá con un bastón más largo” , es aconsejado por su longevo amigo.
Son las once de la noche, hecho que verifican inexplicablemente mirando por la ventana. Está próximo el año nuevo. Ellos esperan, como es habitual en los ancianos. Siempre esperan algo.
Sillas, mesa, jaula con pájaro duro, silla de ruedas reposante, sidra, copitas de colores, loops musicales.
Están en la sala de juegos del hogar.
Angelita dos por tres rezuma elasticidad, cosa que justifica diciendo que hizo danza desde chica. Pero en una queda dura y doblada y la acomodan en la silla.
“Tantos años juntos y no tenemos nada de qué hablar”

Toledito abrazado a un flotador de cisterna que ha tomado bajo su protección, masculla algo ininteligible debido a que aún usa brackets. Él sostiene que son de un skater. Oliberto opina que se dejó estar.
Toledito luce siempre muy angustiado.
Angelita pregunta por Escuti, su inánime ave. Parece que está muerto.
“Pájaro que duerma así nunca he visto”, pero la veterana es convencida de que el bicho está bien y duerme cabeza abajo.
Pinta el juego de cartas.
“Al chancho otra vez no”, suplica uno. Pero parece que es lo que hay. Oliberto, con artritis y todo corta con una sola mano.
Angelita, que estaba plegada sobre su silla, se recupera milagrosamente, tuerce la cabeza y empieza a barajar con croupier consagrado. Se demora y es apurada.
“Dale que van a llegar los Reyes Magos.”

“Chanchoooo… ¡VA!”

23.55 hs. Comienzan a destapar la sidrita. El veterano intenso la destaba con los dientes.
“Ojo con el Corega”, es advertido.
La servida de la sidra es muy melodiosa.
Intentan comenzar un discurso alusivo.
“En el año sesenta, Mestre era gobernador…”
“¡Chancho!”, grita lúcido Toledito.
Todo adquiere un tono sentimental.
“Este puede ser el último año que pasemos juntos. El año que viene, alguno de nosotros no va a estar, con suerte”
Oliberto se lamenta: “Mi hermano mayor ya no me viene a visitar”
“Está en el cementerio”, le apunta Angelita.
“No seas cruel que yo todavía no lo sé” , señala Oliberto.
Clayderman bañado en miel y merengue toca el piano.
Oliberto pide como último deseo ser enterrado en la cancha de Juniors.
“Quiero darle mi energía a un 4 de la puta madre” , rememora “Si habré quebrado Winters en esa cancha. Pasará la pelota pero jamás el hombre”
Le toca a Toledito.
“Si yo mañana no estoy y pasado tampoco y me junto con Escuti, que alguien se encargue del flotante”
Llega el deseo de Angelita, que antes chupa y chupa sidra. Y eructa.
“Los cuetes de fin de año, después dicen que hay crisis y gastan todo en pirotecnia”, reflexiona Oliberto.
Angelita agarra coraje y bate:
“Quiero tener un orgasmo”. Parece que nunca tuvo y que su marido era egoísta.
Toledito no entiende y su colega se lo explica muy clínicamente.
Angelita se le sienta arriba.
“Me va a quebrar, estoy todo descalcificado”, advierte Oliberto.

“Cuando usté tenía diecisiete años era más fea que un demonio. Ahora ni con un palo la toco”
El dúo masculino intentará hacer lo imposible.
Toledito medio que le explica mientras ella se despatarra de espaldas.
Literalmente, la tocan de lejos con el bastón. Luego le toca un seno con el bastón, pero es advertido de que se trata de la prótesis.
“Es una chanchada lo que estamos haciendo”, se sincera uno.

Oliberto cuenta que fue asistente de un hipnotizador y que pueden aplicar esa técnica para inducirle lo que ella desea.
Un bastón oscilante la sume en sueños mientras suena hipnótica música.
Primero le tiran varias imágenes sugerentes que no resultan: unicornio, pájaros, un volcán en erupción, algo con el calor, otra cosa con la madre tierra y la desconcertante imagen del Apolo penetrando en la atmósfera.
Nada.
Luego prueban con el cuentito erótico. Noche de fiesta en Ritz Hotel, Humprey Bogart que le guiña el ojo, ella que lo debe mirar pero sin regalarse. Pero a Angelita no le gusta Bogart, es petiso y tiene mal aliento.
La estrategia no resulta.
“No voy a andar probando con todos los galantes de la época hasta que alguno caliente a la vieja”
Entonces le propondrá una palabra que le induzca el fenómeno físico añorado.
La palabra será “Chancho” y constará de cinco etapas inductivas:

1- Un leve escalofrío.
2- Sentirá como una manito en la panza.
3- La mano más abajo.
4- La parte más húmeda ahí abajo.
5- Remolino de placer.

“Cuando cuente tres te despertarás”
Angelita se despierta creyendo que todo falló. Uno propone jugar a las cartas.
“Juguemos al puerco”
Primer “Chanchoooo… ¡VA!” y Angelita respinga.
Y son cuatro “Chanchoooo… ¡VA!” más y la veterana olvidada hace un itinerario inolvidable ante la mitrada complaciente de Oliberto y Toledito.
Calma…y carita de felicidad.

“¿Juguemos otro?” , propone la golosa mientras la luz se consume en respingos.

Retozaron Angelini, Cáceres y Rodríguez.

Lo Minúsculo: Las tentadas manipuladas a favor de la escena.
Lo Inesperable: Los diálogos memorables.
Trivia: “Nos olvidamos de llevar el destapador para la sidra”

Calificación: Cinco porcinos.

8.8.09

EL KEVIN- parental advisory-

Por el Sr. "escribo cuando puedo" Camacho
Postal de "El Kevin". Clikee sobre la imagen, guárdela en su ordenador, luego imprímala y ármese un álbum para compartir con su allegados.
Seguramente varios asistentes a esta hermosa pieza teatral estaban esperando esta reseña que seguramente se llenerá de comentarios como habitualmente viene sucediendo.

Aviso: esta crónica contiene pasajes que pueden afectar la sensibilidad del lector, teniendo en cuenta que ya afectó la sensibilidad de los que la presenciaron en vivo y en directo.

Interior de casa muy pobre. No se sabe si es un living, un pasillo, o la casa en sí.
Ropa colgada se seca o ventila. Una mesa precaria no sostiene nada, cajones de cerveza vacíos actúan de sillas. En un rincón, un antiguo coche de bebé. Un bebé llora. Y llorará durante todo el minúsculo.

Para continuar con el plácido desarrollo de estas memorias escénicas es necesario establecer una convención de sentido gramatical. La pieza minúscula presentada adquirió matices ríspidos a nivel lingüístico y de imagen que sólo resultan válidos a la hora de su exhibición por lo que cualquier intento de reflejar la realidad de lo vivido sería en vano y, me atrevo a señalar, burdo. Por tal motivo cada palabra, frase o imágenes que estén matizadas por esa sensación de espanto innombrable será sustituida por: “X”, teniendo en cuenta que cada “X” aumenta el nivel de animalidad.

Inmersa en este ecosistema vemos a la Ayelén, de mirada perdida, pelo pajoso, ojeras supremas, dientes afectados y verba rebelde.
“¡Caiate, Kévinnn!!!” , le grita furiosa, hastiada, al bebé llorador.
Llama por el teléfono a su esposo o pareja Rodrigo, (léase “erhe”, con la r arrastrada).
De pique vemos que es una familia donde el maltrato oral es el pan duro de todos los días y que habita en la periferia de la ciudad o de la vida.
Le pasa la data de las actividades de sus otros hijos: El Yéison en el cíber, la Karen, el Yónatan, La Yoli y La Yénifer, en similar destino ignoto.
“¡Pendejo ortiba!!” , le grita al Kevin. No sabe su edad.
“Calculale uno´ cinco mese´”
Suena mucha música de esa que se sigue el ritmo con el brazo extendido hacia arriba y la palma hacia delante en ritmo y ademán callejero.

Llega su buena amiga La Yaqui. Pintadita, manitos en el bolsillo, colita alta y tirante. Mirada de chica rápida.
Hablan de un sorteo de una camiseta de Tévez y aventuran sobre cuál de las dos resultará ganadora.
“Te apuesto todo´ lo pelo´ del X a que me la gano”
La Yaqui mira al Kevin llorador y dice que tiene un ojo abierto y otro cerrado.
La Ayelén le confía a su amiga que cree que su esposo “la está pasando”, es decir, anda con otra.
“Con la Aisa, esa negra cuXXXda”
Le pide como favor:
“Tirale todo´ lo´ galgo´ al Rodrigo, que no tiene código´ ; a ver si te entra”
Su sospecha tiene fundamentos físicos.
“Me arde el X porque me está contagiando algo”. Bestial.
La Yaqui se convence no muy convencida.
El Kevin sigue llorando mientras suena un disonante arrorró en tonos menores.
Llega El Rodrigo. Flaco de mirar oscuro y bigote policial. Claro. Es policía. Estaba con las adicionales.
“Este pendejo está cagado”, observación que nos llega con ambigüedad.
Ella le responde con crudeza chorreante.
“¡Volvete al rancho de donde vení´ boliviano!”
Hablan de sus hijos. El Rodrigo dice que al Yéison lo tienen demorado en la comisaría.
“¡Si la Karen me aparece preñada le voy a hacer rulo´ en el oXXte!”
Despiadadismo total.
Ayelén sale a la despensa a comprar unas empanaditas porque no tienen nada NADA recalca.
“Traete una Suitty Pomelo o una Doble Cola”, le grita La Yaqui.
Queda solo el dúo. La ligera y el agente del orden.
El Kevin llora.
“Lo voy a quemar”, profetiza el padre.
Uno espera que La Yaqui le avance al Rodri como acordó con su amiga, pero…
“La Ayelén se dio cuenta. ´toy con el bombo”
Nos cae la ficha de que los dos curten desde hace tiempo.
Aquí se inicia un diálogo sin precedentes en la historia del Teatro Minúsculo.
Ella le pide plata para el aborto pero él sólo reacciona con la invitación “vamo´ allá atrá´”
El Rodri se cuestiona su paternidad.
“¿Qué voy a hacé´ con el pendejo? ¿Lo voy a colgá´ del arbolito de navidá´?”
A lo que La Yaqui observa:
“Vo´´ pa´ ponela´ no tené´ escrúpulo´ “
Y El Rodri se defiende:
“Eso te pasa por fruncir el X”
Ella le pide $500 para interrumpir el embarazo. Él opina.
“¿$500? Qué…¿te lo queré´ hacé´ en un spa?”
El Rodri dice que no le va a pagar nada pero le sugiere que ella le realice sexo oral. Ella dice que sí cómo no pero que él le de la plata. Aquí ingresan en la típica disyuntiva de quién cede primero, si el que pone la plata o la que entrega su boca.
“Yo voy a poniendo a medida”, pide El Rodri. También cambia de estrategia.
“Vo´ dale y después vamo´ al cajero”
Ella accede sin muchas vueltas, y el agente del orden sugiere.
“Ponele onda que es un pXtX de $500”
Ella, sabia y experimentada lo pone a tono.
Entonces ella lo XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX mientras él le dice XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX y luego ella lo XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX a lo que él XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXmientras le sugiere que XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,
Pero ella dice XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX, él insiste que XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX, pero ella XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX.

El clímax de la situación lleva a que El Rodri le apriete con fuerza el cuello que cae muerta sobre la mesa.
Y ahí nomás, cae La Ayelén que pregunta qué pasó.
Hábil, su esposo dice que la otra le avanzó y la estranguló. Luego dice algo así como que sus partes íntimas quedaron enrojecidas por la voracidad de su ex amiga ahora muerta.
La Ayelén mira a su bigotudo esposo y le dice:
“Te XX amando, Rodrigo. Yo pensé que me estabas pasando”
Luego se ponen a bailar la musiquita que los contiene.
“Sabé´ cuánto hace que no le veo la cara a Dio´ …“
Ella se preocupa por el cuerpo.
“Tenemo´´ que descartar el cuerpo” , a lo que él la tranquiliza:
“Despué´ venimo´ con la combi con lo´ muchacho´ y la cargamo´ “
La pareja sale muy enamorada y fortalecida mientras El Kevin llora, llora y nunca deja de llorar.

Transitaron el lado oscuro: Di Cienzo, Cavicchia y Cáceres. No convoque al elenco para animar la fiestita de su pequeño/a.

Lo Minúsculo:
La escena sexual explícita.
Lo Inesperable: Todo. De parte del público y de parte del resto del elenco que miraba mientras se tapaba los ojos. Y que no haya llegado la policía.
Trivia: “¡Uy, vino la Espectadora Minúscula (pequeña concurrente regular del ciclo)!!!!”, el elenco espiando por la puerta antes de salir a cometer su atentado escénico.

Calificación: XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

3.8.09

CORTEJO A DISTANCIA

Por el Sr. Camacho
Postal de "Cortejo a distancia", foto de Flor De Lorenzi.

La vida vivida de otros nos sigue dando sorpresas vívidas. Esta pieza teatral minúscula cedida por una donante anónima nos sitúa en un living típico. Sillón de terciopelo rojo, mesita y vasos 2 de whisky. Dos opciones: 1-noche de seducción top, 2-tarde de amigos reventados. Obviamente vamos por la opción 1 porque vemos una beldad deslizada dentro de un vestido de chiffon negro. Es Ariana.

Llega Juanjo, un fachero pop very tuneado y derrochador de sex appeal metrosexual sin reservas.
Ariana muy pintada espera una visita. Le pregunta a Juanjo si está bien así, a lo que él, observa desde atrás:
“Lindo garage para aparcar mi auto”, comentario que revela la intimidad entre ellos.
Ariana espera producida la visita de un tipo que conoció en Brasil, pero no recuerda su nombre.


Lo seduce con su tanga, hecho que evocamos con delicia.
Juanjo le pregunta si le hizo “la paradita”, mecanismo de seducción que consiste en una sencilla operación física: se da la espalda al objeto a incitar, luego se eleva sobre las puntas de los pies mientras se curva el cóccix y se mantiene derecha la columna para así exhibir la cola en su plenitud.

A Ariana no le ha quedado claro si él viene de visita o planea ser hospedado, así que está llena de dudas sobre la relación. ¿Le ofrece cama o sillón? ¿No le ofrece nada?
Juanjo sale y llega el visitante con valija de viaje. Prolijo parco de negro con aire a Benicio del Toro y de voz calibrada.

Ella aprovecha y le hace “la paradita con labio”, una variante que incluye una proyección de ambos labios como si se hiciera puchero pero sin llegar al extremo del gesto.
Mucho nervio de la Ariana que busca estrategias para que el recién llegado diga su nombre sin resultado positivo.
Se sientan a seguir conociéndose.
Diálogo, mientras beben whisky:

Él- Me gusta el sonido del hielo…
Ella- ¿Es músico?
Él- No. Alcohólico.


Intentan adivinarse sus profesiones simpáticamente mediante un Dígalo Con Mímica. Ella es diseñadora de modas.
Hábilmente ella le pide a él que diga su nombre con mímica, cosa que a él le resulta primero extraña y luego imposible.
Se llama Augusto y trabaja en el Tiro Federal, profesión extraña si las hay.
Regresa Juanjo a pedir la típica tacita de azúcar. Viene muy pero muy arriba y efervescente de hormonas masculinas.
Ambos hombres son presentados y Augusto se pone muy incómodo ante la confianza que se tienen los vecinos.
Juanjo medio que se instala y toquetea a Ariana y gritonea contenta.
La memoria me falla pero en un momento Augusto deja deslizar la reflexión:

“Quién no se comió un pibe alguna vez” , que por su contundencia merece figurar en esta reseña.

Al rato regresa Juanjo y esta vez canta canción de reciente composición que es una magnífica combinación estilística de Lerner y Fito. Es decir, melodía empalagosa con versos demasiado largos que entran en la métrica a pura presión vocal. Luego sale raudamente.
Continúa con cuentagotas la mutua seducción de Augusto y Ariana pero es interrumpida por Juanjo que regresa.

“Creo que la estoy cagando” , presume Juanjo.
“Tendrías que ser detective, pibe”, observa mordazmente Augusto.

Luego se desata una sucesión de bromas internas que son compartidas gentilmente con el público.
Pero Augusto se pone menos diplomático:

“Rajá, turrito, rajá”

Entonces llega un momento a “slip quitado” y Augusto abre su corazón.
Y por si no queda claro, lo explica varias veces.

“Me la como. Soy gay. Nunca estuve con una mujer.
Vengo acá y este pendejo me re gusta, boluda.
Lo trato mal porque me lo quiero comer.”

Todo se resuelve trágicamente para unos, y con soledad para otros.
Augusto y Juanjo se van juntos a bolichear.
Ariana queda sola.
Muy pintada y sola.

Gesticuló, Angelini. Carraspeó, Rodríguez. Se entrometió, Díaz Abregú.

Lo Minúsculo: Mucho con poco.

Lo Inesperable: Que todo esto le sucedió a alguien que miraba desde el público.

Trivia: “A mí me quedaba mejor ese vestido”, Rodríguez a Angelini rememorando un viejo minúsculo.

Calificación: “Tres paraditas con labio”